sábado, 2 de mayo de 2009

Cuentos para la crisis: ¿Un broker al uso?

Una corbata resistente y bien atada debería bastar. Un agente de bolsa nunca tiene a mano en su maletín una soga bien trenzada para poder ahorcarse de la rama de un árbol, aunque deberían.

“¿Pero por qué vas a hacerlo?” ¿Oigo por ahí una voz que me pregunta por qué quiero colgarme? La pregunta correcta sería ¿Por qué no hacerlo? “Oh vamos. Ser agente de bolsa debe ser apasionante, con todos esos números y esos gráficos que suben y bajan.” Si, si, si. Una gozada. Es como una especie de montaña rusa pero acompañada de algún que otro amago de infarto.

Sé que es un tanto melodramático. Podría tirarme de la azotea del edificio de la agencia en la que trabajaba hasta hace dos horas y media, pero no quiero irme al otro barrio con la culpa de que otro ha tenido que limpiar los restos pegados al suelo. Así que el ahorcamiento parece una buena opción.

Primero la corbata, hay que quitarla despacio, sentir la tela entre los dedos. Eso es. Luego, quitarse el botón del cuello de la camisa, sentir que tu nuez se libera y que respiras mejor que nunca. Si. Por último, elegir el árbol correcto, con ramas fuertes que sean accesibles, nunca fui un gran trepador, de pequeño prefería jugar a las casitas, con las bromas que ello me acarreaba. Las ramas no deben ser ni muy altas ni muy bajas pero tampoco muy gruesas, una corbata no da para mucho. Y finalmente, tomar la determinación, no quedarme como un pasmarote, como ahora mismo, con la corbata en la mano y mirando un árbol con cara de idiota.

- Hola.

Un vestido primaveral, de color verde claro se ha puesto delante de mis ojos y he seguido con la misma cara de idiota.

- ¿Día duro en la oficina?

Puedo reaccionar y tragar saliva. ¡Dios, que sed tengo! Esa voz seguro que trabaja en la radio en uno de esos programas nocturnos e íntimos y que sólo las personas adictas al trabajo y con nula vida social como yo escuchan cuando no pueden dormir.

- Por tu silencio parece que sí.

¿Por qué todo parece ir más despacio? Vaya que cuello más fino. ¿Me estaré volviendo loco? ¿Qué carajo hago pensando estas cosas?

- No te habrán despedido… ¿verdad?

¿Despedido? Si. Aunque la palabra más adecuada en palabras de un “competente superior” sería “recorte de personal para ajustar los números a la actual crisis”, más conocido por todos como “conveniente patada en el culo”. ¡Qué forma tienen esos labios! ¡Y menudo color!

- Vaya… entonces no soy la única…

¡Verdes! ¡Sus ojos son verdes! ¿Por qué narices me sorprendo tanto? Hacen juego con su vestido. ¿Y ese brillo alrededor? Cualquiera diría que su pelo rubio es una especie de espejo solar.

- ¿Puedo sentarme?

- Claro.

¿Ese he sido yo? Vaya, parece que puedo diferenciarme de los vegetales. Olor a lavanda. Me encanta. Viene de su piel si no me equivoco. ¿Qué es eso que siento en las piernas? ¿Estoy nervioso? ¡Qué tontería!

- ¿Pipas?

¿Me está ofreciendo pipas de girasol? ¿Por qué narices estoy aceptando? ¡Fíjate que idiota soy! Alargando la mano para coger un par de pipas. Odio cuando se te queda un trozo de cáscara entre los dientes.

- Bonita corbata.

- Gracias…

Bravo. Estoy hecho todo un orador.

- ¿Banquero?

¿Me estará insultando?

- ¿Corredor de seguros?

- Agente de bolsa.

Un tema apasionante. Sí señor.

- Vaya… debe ser algo apasionante.

- Lo era hasta hace tres horas más o menos.

Dando pena. Una técnica que nunca me ha funcionado.

- Ah ya… igual que yo… más o menos.

- ¿Te han despedido?

¿A mí que me importará?

- Trabajaba en la radio en uno de esos programas nocturnos e íntimos…

- … que sólo la gente adicta al trabajo y con nula vida social como yo oímos cuando no podemos dormir.

Soy imbécil. ¿Esa risa? ¿Por qué hipnotizará esa risa? ¿Y por qué me estaré riendo yo?

- Me llamo Sara.

- Samuel… encantado.

Como se le marcan los hoyuelos en las mejillas cuando sonríe.

- ¿Qué hacías aquí en el parque?

- Yo…

¡Vamos! ¡Dile la verdad valiente!

- Tu…

- La verdad… es que estaba esperando a que pasara algo extraordinario.

¿De veras?

- Y… ¿ha ocurrido esa cosa extraordinaria?

- Pues la verdad…

Si… sus ojos son verdes, igual que su vestido, su aroma es la lavanda y su pelo parece un espejo solar.

- … la verdad es que sí.

El día puede terminar bien, al fin y al cabo, ¿a qué había yo a ese parque? Bah… da lo mismo.

Carlos Bravo (Juntaletras)
02/04/2009


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2 comentarios:

la guardiana dijo...

Muy buenoooooooooooooooo

Juntaletras dijo...

Graciaaaas :) este humilde proyecto de escritor se sonroja XD