Si. Estoy muy callado desde hace tiempo. El blog de Juntaletras ha quedado ligeramente relegado este tiempo por temas laborales.
Aunque nunca me he dirigido a los lectores en general, ya que me da por pensar que si lo hago es creerme que la gente me lee y es fan de este humilde blog, lo cual me hace sentirme de un egocéntrico que lo flipas.
Tenía pensado dar mi opinión sobre los primeros capítulos de Arrow, el final de Isabel, los últimos capítulos de Cómo Conocí a Vuestra Madre, el final de Revolution o la quinta temporada de Fringe.
Así que voy a guardarme todos esos posts para hacer un pequeño remember en plan mega-post, para este lunes, ya que 2012 ha dado bastante en cuanto a series de televisión, y no tanto, a mi parecer, en la gran pantalla.
Saludos queridos lectores, seaís los que seaís y seaís cuantos seais (si es que sois).
Los intentos de un tío anónimo de ser guionista/escritor y no todo lo contrario. Mejorando el blog poco a poco. Perdonen las molestias. Y si no las perdonan, me da igual.
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viernes, 28 de diciembre de 2012
viernes, 10 de agosto de 2012
Secuelas, precuelas... ¡Absurdos conceptos cinematográficos!
Por aclarar algunos términos, y dar a la gente un poco de luz sobre estas palabrejas que se usan para definir algunas películas, voy a explicar someramente y con mi humilde entendimiento en qué consiste una saga, una secuela, una precuela, un remake, un reboot y un Spin-Off.
Saga:
Son sencillamente una serie de películas con final inconcluso. Pueden partir en su primera entrega desde un guión original, aunque normalmente son adaptaciones de sagas literarias. Su trama se alarga a lo largo de la película dando una clara sensación al espectador, de que algunas respuestas vendrán después, como por ejemplo “Ahora que Neo es el elegido, ¿qué pasará con el resto de los humanos atrapados en Matrix?” o “Ahora que han destruido la Estrella de la Muerte, ¿Qué pasará con el imperio?”
Secuela:
Este es el más sencillo, son básicamente las segundas y terceras partes pero que no forman parte de una saga, quizás sea difícil notar la diferencia, pues puede ser muy sutil. Normalmente tienen los mismos protagonistas que la primera parte. Si hay suerte, las secuelas son de mejor calidad que la primera, si no, lo normal es ver una película que te hace perder el tiempo y que no tiene nada del sabor de su predecesora. Tal es el caso de La Momia o Scream.
Precuela:
Este nombre tan feo hace referencia a las películas que, cronológicamente a nivel de guión, ocurre en un tiempo anterior a la primera película. Puede verse en sagas como La Guerra de las Galaxias y en otras cintas como Dragón Rojo (el origen de Hannibal Lecter), o más actualmente en la decepcionante Prometheus.
Remake:
Fácil. ¿Verdad? Es coger una película antigua, de unos quince o veinte años de antigüedad, revisarla, renovarla, ponerle efectos especiales súper chulos, un par de protagonistas muy guapos, a ser posible que estén de moda, para finalmente, y de forma harto común, destrozar el guión original. Pronto veremos lo que pasa, por ejemplo, con el remake de Desafío Total (Final Recall).
Reboot:
Esto es un término bastante nuevo. De hecho, tan nuevo que creo que se ha acuñado desde que se empezó a hablar de Amazing Spider-Man. Consiste básicamente en coger una película prácticamente nueva, de la que hacer un remake sería absurdo, cambiarle el actor protagonista, el contexto, el villano y un par de retoques más. Sucede o puede suceder, si las anteriores producciones de la misma historia eran malas o tuvieron segundas partes que la hundieron en la miseria, como es el caso, claramente, de Spiderman.
Spin-Off:
Esto es para aplicarlo a las series, pero puede darse el caso de que un personaje secundario de una película, merezca (o no), una película a parte, eso dependerá de las críticas y el dinero disponible. Hasta hace un par de años se hablaba de hacer la película de Deathpool, un antihéroe que apareció en la película “Lobezno”, y gustoso de usar katanas y pistolas por igual. No se ha vuelto a hablar del tema, o por lo menos lo mantienen en secreto.
Saga:
Son sencillamente una serie de películas con final inconcluso. Pueden partir en su primera entrega desde un guión original, aunque normalmente son adaptaciones de sagas literarias. Su trama se alarga a lo largo de la película dando una clara sensación al espectador, de que algunas respuestas vendrán después, como por ejemplo “Ahora que Neo es el elegido, ¿qué pasará con el resto de los humanos atrapados en Matrix?” o “Ahora que han destruido la Estrella de la Muerte, ¿Qué pasará con el imperio?”
Secuela:
Este es el más sencillo, son básicamente las segundas y terceras partes pero que no forman parte de una saga, quizás sea difícil notar la diferencia, pues puede ser muy sutil. Normalmente tienen los mismos protagonistas que la primera parte. Si hay suerte, las secuelas son de mejor calidad que la primera, si no, lo normal es ver una película que te hace perder el tiempo y que no tiene nada del sabor de su predecesora. Tal es el caso de La Momia o Scream.
Precuela:
Este nombre tan feo hace referencia a las películas que, cronológicamente a nivel de guión, ocurre en un tiempo anterior a la primera película. Puede verse en sagas como La Guerra de las Galaxias y en otras cintas como Dragón Rojo (el origen de Hannibal Lecter), o más actualmente en la decepcionante Prometheus.
Remake:
Fácil. ¿Verdad? Es coger una película antigua, de unos quince o veinte años de antigüedad, revisarla, renovarla, ponerle efectos especiales súper chulos, un par de protagonistas muy guapos, a ser posible que estén de moda, para finalmente, y de forma harto común, destrozar el guión original. Pronto veremos lo que pasa, por ejemplo, con el remake de Desafío Total (Final Recall).
Reboot:
Esto es un término bastante nuevo. De hecho, tan nuevo que creo que se ha acuñado desde que se empezó a hablar de Amazing Spider-Man. Consiste básicamente en coger una película prácticamente nueva, de la que hacer un remake sería absurdo, cambiarle el actor protagonista, el contexto, el villano y un par de retoques más. Sucede o puede suceder, si las anteriores producciones de la misma historia eran malas o tuvieron segundas partes que la hundieron en la miseria, como es el caso, claramente, de Spiderman.
Spin-Off:
Esto es para aplicarlo a las series, pero puede darse el caso de que un personaje secundario de una película, merezca (o no), una película a parte, eso dependerá de las críticas y el dinero disponible. Hasta hace un par de años se hablaba de hacer la película de Deathpool, un antihéroe que apareció en la película “Lobezno”, y gustoso de usar katanas y pistolas por igual. No se ha vuelto a hablar del tema, o por lo menos lo mantienen en secreto.
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lunes, 14 de mayo de 2012
La eliminación del género neutro en el idioma.
No soy lingüista. De hecho, el análisis sintáctico del
lenguaje me aburre de manera suprema. Cometo errores como cualquier hijo de
vecino, sabiendo cuando algo está “hecho” y cuando “echo” sal a la ensalada.
Sin embargo desde hace tiempo veo con estupefacción la
modificación del castellano no gracias a la necesidad, sino gracias a golpes
forzados anclados en una ideología que se defiende con un “o estás conmigo o
contra mí, so machista”.
Pues como no soy machista y me gustan los intrincados
matices del idioma castellano, declaro mi enemistad contra la letra “X” cuando
esta es usada con ánimo de eliminar el género del idioma, como si las palabras
tuvieran vulva o pilila.
En el castellano existen tres géneros, femenino, masculino y
neutro, siendo este último válido para referirse a una persona de sexo femenino
y sexo masculino, indistintamente, igualitariamente, más justo imposible.
La palabra “Juez”, por ejemplo, es neutra. Termina en la
última letra de nuestro abecedario. Última pero no por ello menos importante, y
el sexo de la persona a la que se refiere esa palabra, insisto que las palabras
no tienen sexo, tienen género, que no es lo mismo, ha indicarse con un artículo
como “La” o “Él”, La Juez, El Juez. Como vemos no es necesario decir Jueza,
porque insisto, existe el género neutro en nuestro idioma. Si dijo La Jueza,
terminando la palabra con la vocal A para indicar el femenino de esa palabra
obviando la neutralidad de género de la misma, he de terminar la misma palabra
con la vocal O para referirme a un hombre, el Juezo. Lo primero que ha hecho mi
procesador de texto es señalarme Juezo como incorrecto, mientras que Jueza
permanece indemne, ya que la feminización forzosa de las palabras neutras,
insisto, neutras, ni femeninas ni masculinas, se va incluyendo en nuestro
diccionario.
Pero volviendo al tema de la X como sustitutivo del género
en la escritura, pues es imposible decir con la boca “lxs compañerx estamos muy
contentxs” (reto a alguien a hacerlo), he de decir que es la última villanía
cometida contra el idioma después del lenguaje sms (útil en según qué casos).
Yo siempre he sido defensor de poner algo como “las/los compañeras/compañeros
estamos muy contentas/contentos", o un poco más escueto, “las/os compañeras/os
estamos muy conentas/os”, antes que del invento de la X, de hecho, prefiero
poner una @ antes que una X, “l@s compañer@s estamos muy content@”, fusionando
la A y la O como en la escritura medieval se mezclaba la D y la E.
Pero es el fondo lo que más me molesta. El drama de la
violencia contra la mujer y la aún presente discriminación sexista, hacen que se
pongan dianas por doquier contra cualquier cosa tildándola de machista por
medio del imperativo categórico de “si no está a favor, está en contra”.
Por ejemplo, el uso del plural masculino para referirse a un
grupo de gente, a mi no me parece lesivo, ni mucho menos para las mujeres, de
hecho, gastar energías en eliminar ese tipo de hábitos lingüísticos que a nadie
ha molestado hasta ahora, elimina energías en combatir el verdadero problema al
que debe plantarse cara, el sexismo puro y duro.
Como nota, decir que a mí no me molesta en absoluto cuando
voy a clase de pilates y, siendo el único chico, la profesora nos dice al
terminar la clase: “¡Bien hecho chicas! No exijo que se mencione mi sexo, no
exijo, ni exigiré que se me tenga en cuenta a mí para modificar el lenguaje que
se use en la clase. Soy una más en el grupo por mucho que me falten tres cosas
para parecerme algo más a una mujer. Quizás alguno diga que al ser el único
chico de la clase, no merece la pena ni nombrarse el caso, pero el fondo es el
mismo.
Buscamos la forma de complicarnos la vida buscando enemigos
por las esquinas a los que echar la culpa de nuestros males como sociedad, el
lenguaje, la música rap, la publicidad, la televisión, olvidando que como seres
adultos tenemos el uso y potestad de nuestras acciones y que podemos elegir no
formar parte de las olas de moda que nos fuerzan a ser de una manera y no de
otra, o que intentan anclarnos en nuestros sofás frente a la televisión para eliminar nuestro
criterio e instalarnos en nuestro cerebro nuevas directrices.
No teman en usar la A o la O en sus frases, escriban con el
ánimo de no ser sexistas, ni por un lado ni por el otro, pero acepten, que si
tiene que cambiar el idioma, esta sea de forma natural y fluida, no de forma
forzosa y a golpe de decreto.
Nota: En las referencias a la feminización o masculinización
de las palabras, y creo que no me saltado ningún ejemplo, si no, háganmelo notar,
he puesto el femenino primero y el masculino después, eso, es dotar de
visibilidad de género a los textos.
Enlaces:
FeminismoMasculunismo
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martes, 8 de mayo de 2012
La difícil tarea de desarrollar una escena en una novela.
Desarrollar una escena vívida y que al mismo tiempo sea
dinámica para que el lector no le resulte pesado es una tarea titánica por no
decir imposible. Ningún escritor contemporáneo se pondrá a escribir cada rincón
del salón de una mansión ni todos los recovecos de una calle ,inundada por las
brumas otoño, a no ser que quiera imitar al naturalismo.
De hecho, el escritor lo que ha de hacer es lograr que la
imaginación del lector vuele, darle los suficientes datos sobre una escena para
que su cerebro la componga como mejor le parezca. De hecho, intentar dar todos
los datos de una escena para que el lector se
la imagine tal y como se la imaginó su autor, es de una necedad manifiesta
y habla del egocentrismo del escritor más que de la historia que intenta
contar, es como si dijera algo así como, “Es mi historia y te la imaginas como
yo quiero”.
Los humanos tenemos la capacidad imaginar, ya se peor o
mejor o esté menguada por la cantidad de basura que vemos por televisión. Esa
capacidad de imaginar tiene que ser seducida, guiada, nunca controlada. Un
lector que detecta que le están intentando quitar la posibilidad de imaginarse
lo que le dé la gana se revelará contra el autor, dejará de leer o, en todo
caso, leerá el libro a regañadientes suspirando a cada página.
Por otro lado, no dar pistas sobre donde se encuentran los
personajes, qué sienten o qué llevan puesto encima, aburrirá todavía más si
cabe al lector. Tendrá que hacer un esfuerzo demasiado grande al imaginarse donde
están y que hacen los protagonistas, y en una ficción, por mucho mensaje que
pueda tener o lecciones que intente enseñar, lo que ha de ocurrir es que el
lector se sumerja y disfrute de una historia vívida y apasionante.
Un libro no es una película. Cuando vamos al cine vemos la
escena tal cual, una interpretación del director sobre cómo debe verse tal o
cual suceso. No tenemos otra opción que sentarnos ante la butaca y disfrutar.
Con el libro estamos obligados a imaginar tal cual imaginábamos las cosas
cuando jugábamos de pequeños a indios y vaqueros.
Resumiendo, y esto va para mí también, que debería ir
interiorizando estas cosas, no debemos bloquearnos a la hora de escribir una
escena por que la detectemos sosa, o quizás demasiado recargada. Tenemos que
encontrar el punto justo, cosa nada fácil, entre la sencillez y la brevedad con
la descripción y la viveza de la escena. Pero sobre todo lo que tiene que hacer
la escena es hacer avanzar la historia, no retenerla ni marear al lector.
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viernes, 4 de mayo de 2012
Soy mi peor crítico.
Seguro que alguna vez os ha pasado a los que gustáis de inventar mundos e historias varias, que a medida escribís líneas, hay una personita dentro de vosotros que dice que lo que estáis escribiendo no vale la pena, que tenéis que borrarlo, que es una mierda.
En todo manual de escritura que se precie, se habla en algún momento de ese fantasma que nos obliga a ir evaluando a medida escribimos. Ese es el peor crítico al que nos tenemos que enfrentar, nosotros mismos.
Solemos crearnos grandes expectativas, nos decimos a nosotros mismos que tenemos que escribir un best-seller desde la primera letra, que nada tiene que flaquear, que tenemos que ser perfectos. Y aunque la idea de un best-seller es, debiera ser, en un mundo ideal, una novela con un estilo pulido, una historia atrayente y una estructura correcta, os reto a ir a una librería para que compréis todos los best-seller de los últimos cinco años y me digáis cuales de esos novelones reúnen todas esas cualidades.
Apagar al crítico interior es difícil, pero hay que hacerlo. El análisis y la corrección tiene que ser posterior a la creación. En mi caso, intento acallar con música a ese crítico interior, doy un pequeño paseo o intento dejar la mente en blanco. En ningún caso, cuando el crítico interior nos bloquea, debemos evadirnos en cosas como la televisión, los videojuegos o vicios varios. Hay un momento para cada cosa y siempre nos podemos premiar cuando acabamos un capítulo de nuestro libro o un acto de nuestro guión.
De hecho, escribo este post ahora que el crítico interior me está puteando un poco, como una especie de ejercicio que me sirva para aplacarlo, para decirle de alguna forma que ya llegará el momento en el que tenga que trabajar, y que de momento, se puede ir a descansar y dejarme en paz.
El proceso creativo tiene que seguir, ya llegará el momento de corregir.
En todo manual de escritura que se precie, se habla en algún momento de ese fantasma que nos obliga a ir evaluando a medida escribimos. Ese es el peor crítico al que nos tenemos que enfrentar, nosotros mismos.
Solemos crearnos grandes expectativas, nos decimos a nosotros mismos que tenemos que escribir un best-seller desde la primera letra, que nada tiene que flaquear, que tenemos que ser perfectos. Y aunque la idea de un best-seller es, debiera ser, en un mundo ideal, una novela con un estilo pulido, una historia atrayente y una estructura correcta, os reto a ir a una librería para que compréis todos los best-seller de los últimos cinco años y me digáis cuales de esos novelones reúnen todas esas cualidades.
Apagar al crítico interior es difícil, pero hay que hacerlo. El análisis y la corrección tiene que ser posterior a la creación. En mi caso, intento acallar con música a ese crítico interior, doy un pequeño paseo o intento dejar la mente en blanco. En ningún caso, cuando el crítico interior nos bloquea, debemos evadirnos en cosas como la televisión, los videojuegos o vicios varios. Hay un momento para cada cosa y siempre nos podemos premiar cuando acabamos un capítulo de nuestro libro o un acto de nuestro guión.
De hecho, escribo este post ahora que el crítico interior me está puteando un poco, como una especie de ejercicio que me sirva para aplacarlo, para decirle de alguna forma que ya llegará el momento en el que tenga que trabajar, y que de momento, se puede ir a descansar y dejarme en paz.
El proceso creativo tiene que seguir, ya llegará el momento de corregir.
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martes, 28 de febrero de 2012
Sin post para los Oscar ni los Goya.
Hace tiempo intenté estar al día de todo lo que acontece en el cine, incluidos las galas, los pases de prensa, preestrenos, estrenos y rumores. Pero sin duda es un trabajo arduo y muy desagradecido, más que nada por que a la gente que le gusta el cine, lo que quiere es ver cine. Los premios, suelen traérsela al pairo.
Además, normalmente la entrega de premios es previsible. The Artist, triunfadora de la última entrega de los premios de la academia, partía con ventaja por el número de nominaciones y críticas excelsas. En el caso de los Goya, No habrá paz para los malvados, de Enrique Urbizu, tenía todas las de ganar.
Me encantaría tener tiempo para disfrutar de principio a fin de las gala de los oscar, pero de momento, pásense por páginas como FilmAffinity, IMDB, o las versiones digitales de Acción Cine entre otras publicaciones, para informarse de premios y premiados, yo no puedo entrar en detalles.
Además, normalmente la entrega de premios es previsible. The Artist, triunfadora de la última entrega de los premios de la academia, partía con ventaja por el número de nominaciones y críticas excelsas. En el caso de los Goya, No habrá paz para los malvados, de Enrique Urbizu, tenía todas las de ganar.
Me encantaría tener tiempo para disfrutar de principio a fin de las gala de los oscar, pero de momento, pásense por páginas como FilmAffinity, IMDB, o las versiones digitales de Acción Cine entre otras publicaciones, para informarse de premios y premiados, yo no puedo entrar en detalles.
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martes, 1 de noviembre de 2011
Manuales de guión:
En la estantería tengo un montón de libros sobre teoría del
guión. De todos ellos me he terminado un total de cero. Me veo incapaz de
leerme un manual de guión de pe a pa, usándolos más bien como libros de
consulta sobre temas concretos que me conviene ir refrescando.
¿Son útiles estos manuales? La verdad es que sí. A mi me han
despejado bastantes dudas, pero no hay nada como leerse un guión de verdad, y
escribir cuanto se pueda, primero imitando el estilo de los guiones leídos,
luego, más adelante, podremos depurar el estilo.
Hay que mantenerse escribiendo. No podemos ir de la mano de
los autores de estos manuales tomando sus consejos como panaceas absolutas,
tenemos que encontrar nuestro punto, y tener muy en cuenta la experiencia de
los que ya han rodado sus guiones.
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