Prometheus, la última película de Ridley Scott, ni tiene la esencia, ni la intensidad ni el suspense de Alien, el octavo pasajero. De hecho, Prometheus es una sucesión de situaciones encadenadas por la azarosa casualidad, una falta de respeto total a los espectadores y su inteligencia.
Ridley Scott ha hecho de Prometheus una película que se alarga sin una razón lógica, con personajes planos incapaces de colarse mínimamente en la empatía del espectador, con unos medios y efectos especiales apabullantes pero que resultan vacíos y tristes.
O ha sido un fallo, que todo el mundo los comete, o ha sido la necesidad de recaudar dólares con un anzuelo facilón, el de la misteriosa precuela vendida con un marketing excelente, todo ello con un gasto aproximado de ciento cuarenta millones de dólares.
Algo a destacar de la película, es la actuación de Michael Fassbender en el papel de androide falto de todo sentimiento.
La próxima vez será.