
La razón que dieron en su momento las directivas de las cadenas Antena 3 y La Sexta y Telecinco y Cuatro de fusionarse respectivamente aunque, según ellos, guardando la línea editorial de cada uno, faltaría más, era que había demasiada oferta televisiva, en parte por la “gran oferta” de la TDT y las plataformas digitales por satélite o por cable.
Dándose una vuelta por la televisión de nuestro país en diversas franjas horarias, y sobre todo a gente que como yo no le gusta la televisión salvo para dos cosas o tres, no puede uno evitar preguntarse “¿de qué oferta están hablando?”.
¿Hablan de las series repuestas una y otra vez? ¿De los programas del corazón calcados y a cada cual más vergonzante? ¿De cadenas derivadas en la TDT que emiten la misma programación que la principal, como ocurre con Antena 3 y sus respectivas digitales, pero a distintas horas? ¿De series de producción nacional que siempre tiran de los mismos clichés o que intentan imitar series extranjeras con lamentable resultado (véase RIS por ejemplo)?
Si esa es la oferta, apaga y vámonos.
Lo que yo creo que está pasando es que cada vez menos gente, y por fortuna visto lo visto, ve menos la televisión. Internet ofrece una libertad de elección de contenidos brutal, y los espectadores prefieren bajarse los capítulos de sus series preferidas a tener que aguantar horarios intempestivos y encima publicidad interminable.
A la televisión de este país, y eso que no estoy metido en el mundillo, le falta seriedad y visión, le falta una calidad en la gestión de los contenidos, un carácter valiente y atrevido (no no me refiero a crear programas que dañen la dignidad humana como gran hermano) y un compromiso con los espectadores.
No queremos, o por lo menos ya no, pan y circo. Queremos entretenimiento, si, ficción, también, información, por supuesto, pero no queremos tener que taparnos los ojos por vergüenza ajena de lo que aparece en la caja tonta (si, me refiero al lamentable espectáculo de eurovisión y al ser, en mi opinión infra-humano, Jhon Cobra al que tengo la fortuna de no haber visto), queremos oferta y de calidad, que se peleen por nuestra atención, que ofrezcan lo mejor.
Si hasta ahora es lo mejor que pueden ofrecer toda esa morralla que aparece en las pantallas, podríamos decir que a la televisión en este país no le queda ni la esperanza.