domingo, 9 de marzo de 2014

Guía rápida para ser un perfecto solitario.

La soledad es cojonuda. Ser un lobo solitario, el tío que anda con las manos en los bolsillos y un cigarrillo en la boca. Esa figura oscura recortada contra la luz difusa de un callejón cubierto por el vapor que sale de las alcantarillas, mientras los títulos de crédito empiezan a aparecer acompañando a una banda sonora a base de saxofón.

En el personaje vienen incluidos momentos de reflexión en los bancos del parque al atardecer, al ser posible con un café voluminoso en vaso de cartón, poniendo una cara de suficiencia al mirar a  los que se abandonan a la imperfecta vida en pareja.

Hay que considerar la dieta. La comida del solitario es importante y viene embalada en cajas coloridas cubiertas de escarcha, normalmente con una serie de instrucciones arcanas (precaliente el horno a ciento cincuenta grados, Celsius, eso sí, y luego hornee durante diez minutos, o si lo prefiere, tómelo gomoso e insípido cocinándolo en un microondas durante tres minutos). La bebida tiene que consistir necesariamente en líquidos amargos y alcohólicos como el bourbon o la ginebra, no se permiten las mezclas con refrescos o zumos. El agua se reserva para las mañanas resacosas en las que una intensa luz anaranjada, se rompe en haces al atravesar las persianas de láminas (que todo solitario debe tener instaladas en sus ventanas) iluminando el desorden de la habitación y el polvo en suspensión.

Finalmente el solitario tiene una serie de hábitos sociales. El solitario debe crearse una atmósfera de misterio y autosuficiencia que, necesariamente, no coincide con la realidad pero que le sienta como anillo al dedo. Dice cosas como “Estoy perfectamente” cuando le preguntan por su último (o primer) divorcio. Dan consejos de cómo deben los demás vivir su vida para que no cometan los mismos errores que ellos, errores que los solitarios están contentos de haber cometido porque esa es su vida. En las fiestas, celebraciones (y por qué no en bodas, bautizos y comuniones) se aparta con su copa, sonríe a todo el mundo con una mueca que aparenta ser una fisura complaciente y cuando el resto no se lo espera, se esfuma dejando tras de sí una atmósfera de misterio y un halo de colonia barata y whisky escocés. Entonces todo el mundo se pregunta “¿dónde está el solitario?” y el solitario entonces anda con la cabeza casi hundida entre los hombros, se enciende un cigarrillo (es recomendable tener un sombrero de media ala) y siente que en ese momento, siempre imaginario, alguien se ha preocupado por él, sintiendo durante un breve periodo de tiempo una sensación cálida en su corazón que había creído olvidada.


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